Han sido tres días de pura intensidad con él.
Cada momento fue más apasionado que el anterior, como si no hubiera fin a todo lo que podíamos experimentar juntos. Él siempre me pedía que me pusiera el mismo mono, ese que le volvía loco, como si fuera parte del ritual entre nosotros. Era una especie de obsesión que tenía, una señal de posesión. Y sé que si él supiera lo que va a pasar ahora, si supiera que alguien más lo va a tener en sus manos, enloquecería de furia. No podría soportarlo...